Poética fluvial

"Nuestras vidas son los ríos....."





 EPOPEYA FLUVIAL
 

Las aguas del río Manzanares 

tienen la virtud de bañar 
las dos capitales peninsulares,


pues tras nacer en la Pedriza
y pasearse por Madrid,
 vierte sus aguas en el Tajo,
que viene de Albarracín
y sigue su curso río abajo,
hasta su atlántico fin....





en la Pedriza...



El agua forma torrentes juguetones,

que corren con ruido alegre y cristalino

entre las grandes esculturas de granito

con formas de fantasmas,

gigantes o molinos de viento.


el ocre cálido de las piedras

y el aroma pegajoso de la jara

crean un entorno amistoso y acogedor,

donde los buitres ejercitan el silencio.






El valle adquiere una grandeza salvaje

en los incendiarios atardeceres de cielo rojo

y explota en un baile de sombras

cuando la luna se derrocha entre las rocas.


La gran formación granítica

tiene una identidad contradictoria,

mezcla de solidez y filigrana,

de pájaro y columna,

de piedra que quiere ser nube.


La erosión interminable de los elementos

muestra la grandeza de los tiempos lentos

y sobre las formas surrealistas de las rocas

flota una tranquilidad que no conoce relojes.











Windows Madrid








Ventanas de Madrid,
de todos los tamaños y estilos,
cargadas de historia y de proyectos.

Ventanas que al mismo tiempo
son jaulas y escapes a la luz,

formando un mundo cuadriculado
donde el espacio y el tiempo
gobiernan con mano de hierro.












PUENTES 




La razón de ser de los puentes

es unir las dos orillas,
en dialogante ingeniería
entre puntos de vista diferentes.



Estructuras diseñadas

para caminar sobre las aguas,
por debajo de sus ojos
fluye un río de palabras...






El TAJO
hace honor a su nombre
entre tajos y precipicios,
 produce electricidad
y avanza con dificultad
siempre fiel a su destino...







Rodea con calma Toledo
y continúa su camino
 bajo las cumbres de Gredos
fluyendo hacia el país vecino...









Tras pasar bajo el puente de Alcántara
desde hace unos dos mil años,
el río entra en tierra lusitana
donde adquiere nombre de árbol,
pues pasa a llamarse río Tejo
hasta llegar al  gran estuario...









LISBOA






es la democracia de las ventanas,


en la que todas, hasta las mas destartaladas,


tienen el irrenunciable derecho a mirar al rio


y a los luminosos horizontes azules


donde se dibuja la orilla sur.










Y por si algunos viven en sótanos


o crece un nuevo edificio


entre las casas amontonadas en desorden,


para eso abundan los miradores


donde la ciudad narcisista,


como una reina ante al espejo,


se recrea ante sí misma.











En esta geometria escalonada,


donde crece el bosque de antenas


con griterío de gaviotas y sirenas,


ha habido que construir pacientemente la horizontal,


convertir las colinas en poemas cubistas


donde la curva improbable


es la distancia mas corta entre dos puntos.















sombrías arterias de serpiente,


callejuelas inimaginables


en mapas de dos dimensiones,


concebidas por urbanistas retorcidos,


amigos de la escalera,


defensores de las zonas húmedas,


artistas del recoveco.















Después llegaron los de los medios de transporte,


retorciendo railes en curvas cerradas,


diseñando tranvias inclinados


y ascensores con sabor a Eiffel


para salvar irreales desniveles


entre lugares aparentemente imposibles de relacionarse.







También hay gigantescos puentes metálicos


repletos de coches diminutos, bajo los cuales circulan trenes,


y por debajo navegan elegantes trasatlánticos


y anacrónicos cargueros oriundos de remotos puertos africanos.



  



 






En el tiempo y en el espacio,


de la orilla norte a la orilla Sur


Lisboa se despliega en puerto y alma


ante el rio que se ha convertido en mar.















Y es en el puerto, mirando al Sur


donde se produce el cocktail alquimista


de Buenos Aires, Rotterdam y el Pireo,


de tango, fado y niebla londinense,


tras la que parece surgir San Francisco


Y el Cristo de Rio de Janeiro.











Lisboa es rio, cielo y olor a mar,


refugio de gaviotas en el temporal,


tópico de saudades y melancolia,


sardinas, azulejos y bacalao.






Las memorias se confunden en mar de la Paja,


como el agua dulce que llega de tierra adentro


Y las mareas saladas impulsadas por la luna.







El Amazonas y el Tajo

desembocan en portugués

pero nacen en castellano...

 










SINTRA



es un planeta de musgo,


donde los caprichosos bloques de granito


destilan un misterio verde y refinado,


una humedad de duendes y enanitos


escondidos entre la niebla de hadas y fados


que huele a setas y caracoles.







Los rayos se atreven con timidez entre las altas ramas,


provocando arabescos de sombra y luz


que bailan al ritmo del viento.


Y todo explota de alegria


en las noches salvajes de luna llena


que sacuden la Sierra con frenesí ancestral.










Como alucinaciones o espejismos


aparecen por todas partes, en pleno bosque,


cúpulas hinúes o palacetes árabes,


torres de colores con formas oníricas....







Hogares de princesas y fantasmas,


estanques de cisnes y tortugas,


almenas de castillos encantados,


pozos de iniciacion masónica, filigranas góticas,


conventos de corcho sumergidos en el musgo


o misteriosos círculos de dólmenes inmemoriales.







Todo lo que suene a misterio


se materializa en este mundo delirante


de poetas, monjes, reyes y sonámbulos.












Estos árboles y palacios son de todos los estilos,


De todos los climas, de todos los rincones,


nadie adivinaría jamás a que pais pertenecen,


en que lugar podría ubicarse esta mezcla fantástica.







Nadie imaginaría que se trata de una utopia de navegantes,


ee portugueses inquietos que miran al horizonte


en busca de lejanos paraísos, en Goa, Brasil o Macau.











Y todo termina  en el Océano


cuando la sierra se desploma bruscamente


en los dramáticos acantilados


donde el mar y el viento

practican su afición a la escultura.












ATLÁNTICO


Busco materia prima
para fabricar lenguaje,
hay infinita en la sal,
las rocas y el oleaje.










Agua que vuela,

agua que nada,

agua de nube,

agua salada.


Agua que esculpe las rocas,


piedra por agua horadada,




el faro  indica el  peligro

de la montaña truncada

en el momento de atacar,

en tensión fotografiada.


Infinito el espacio azulado
entre horizonte y acantilado...









"....sino estelas en la mar."