Banda sonora para un sueño

Ciencia ficción, sueños y música...



Tres enormes cuerpos negruzcos revoloteaban sobre nuestras cabezas. Cada uno de ellos poseía seis patas peludas que se agitaban nerviosamente, además de dos alas transparentes que emitían un extraño zumbido, agitándose a una velocidad que las hacía invisibles. 



Sus ojos expresionistas se destacaban del tronco formando dos grandes platos esféricos, que parecían transmitir una gran curiosidad por nuestro aspecto. Los observamos a su vez tranquilamente, vigilando sus movimientos con la mosca detrás de la oreja. 


Nos dirigimos en comitiva hacia Colmenar Viejo, la antigua ciudad de los insectos, guardando un prudente silencio. En boca cerrada no entran moscas. Por el camino se veían más y más insectos de todos los tamaños. 


Unas enormes abejas trabajaban laboriosamente en la recogida del néctar de grandes flores azules, mientras que largas hileras de una especie de hormigas transportaban enormes cargas, de peso muy superior al de sus cuerpos. 


En lo que parecía ser una pista de atletismo, un grupo de saltamontes se entrenaba en las pruebas de salto de altura y un grupo de veloces cucarachas parecía competir en cien metros lisos. 

Según nos acercábamos a la gran colmena aumentaba continuamente el tráfico de bichos, que circulaban ordenadamente en dos direcciones, transportando los pesados cargamentos. 


En la plaza mayor de Colmenar reinaba un bullicio caótico. Parecía una jaula de grillos. Al fondo de la gran explanada se alzaban las torres hexagonales del palacio real, sede de la reina reproductora, recortando sus potentes siluetas contra el bello cielo del atardecer.


Los insectos parecían estar genéticamente programados para ser felices con su función.  A nadie le apetecía hacer nada diferente de aquello que hacían y la envidia era algo desconocido para ellos. A las hormigas les gustaba cargar peso, a las abejas recolectar polen y a los zánganos les encantaba no hacer nada, excepto copular con la reina madre.  


No obstante, no todos estaban de acuerdo con el sistema. En una esquina de la plaza, grupos de insectos republicanos coreaban diversas consignas contra los privilegios de la monarquía, vigilados a distancia por varios tábanos de paisano.


Enfrente del palacio se alzaba el edificio del templo sagrado, donde la poderosa casta de las Mantis religiosas realizaba sus oraciones y rituales. Un pequeño grupo de machos laicos protestaba contra la crueldad que, según decían, suponía ser devorado por las Mantis al finalizar el acto sexual.


Un poco más allá nos encontramos con una manifestación de protesta ante nuestra presencia. Un grupo de mosquitos enarbolaba una gran pancarta donde se acusaba al género humano de intento de genocidio, denunciando además el uso de armas químicas. Producían un zumbido monótono y agudo que por algún motivo me resultaba familiar...


En ese momento me desperté de un salto al oir el inconfundible zumbido de un mosquito revoloteando sobre la cama. Aturdido y destemplado, me dispuse resignadamente a levantarme y volver al mundo, real?


Por toda la casa retumbaban estúpidas melodías relacionadas con la alegría de empezar una nueva jornada. Como todas las mañanas, me encontré a mi mismo frente al espejo, si bien el recuerdo nítido de los sueños parecía más real que esta cara somnolienta. 



Con respeto y cierto asombro, extraje el minidisco del equipo y me lo guardé cuidadosamente en el bolsillo. Estaba impresionado por la nitidez de mis sueños, que recordaba con más lujo de detalles que lo que había hecho ayer.

Recordé las escenas vividas en sueños. Era increíble el detalle de los recuerdos. Sin duda era descubrimiento monumental.

Llevaba meses enfrascado en este asunto. Ayer había estado hasta muy tarde trabajando en aquella grabación contra el insomnio, y antes de acostarme la había programado por primera vez.

Sólo recordaba un sonido monótono y relajante, un bostezo... y después aquellos sueños que parecían más intensos que la vida misma.


Aquella extraña melodía activaba la memoria onírica y parecía poner al cerebro a soñar con especial intensidad.


En mi mente aturdida resonaban involuntariamente fragmentos del Manifiesto Musical, grabado en mi memoria desde los tiempos del colegio......

......La profunda relación que existe entre los sonidos organizados en armonías musicales y los impulsos nerviosos que rigen el funcionamiento de la mente fué uno de los descubrimientos cruciales del Siglo XXI....”
.
......Composiciones musicales cuya melodía es la expresión sonora aproximada de las cadenas de impulsos transmitidas por las neuronas, produciendo en el oyente un efecto análogo al de dichas cadenas de impulsos.....”

.....Las primeras investigaciones sobre la relación entre la música y el estado mental permitieron vislumbrar las enormes implicaciones que el fenómeno musical podría tener en la vida social y personal. Los oyentes realizarían determinados actos al escuchar la secuencia musical apropiada, y lo que es más importante, se sentirían totalmente satisfechos de bailar al ritmo sugerido por la música...”



Camino a la oficina, la duda filosófica amenizaba la pesadez del tráfico. ¿Acaso era la realidad una simple construcción mental igual a los sueños?.

El sol matinal empezaba a iluminar débilmente el panorama, proyectando tímidos rayos sobre la avenida colapsada, al fondo de la cual se alzaba la torre cristalina del Centro de Investigaciones Musicales (CIM), adonde me dirigía.

Aparqué en una de las plataformas del CIM y me dirigí rápidamente a mi oficina, musitando excusas sobre el atasco. 

 Sobre mi mesa se amontonaban las carpetas del proyecto de música específica para cadenas de montaje en la industria automovilística. Estaba casi listo, pero hoy era el último día para presentar la maqueta y no podía haber fallos.

Se trataba de un desarrollo de las melodías clásicas de estimulación laboral, añadiendo factores motivacionales diseñados para cada sector específico.

Por ejemplo en el caso de la industria automovilística el problema había sido definir una secuencia armónica directamente relacionada con las emociones provocadas por el coche. Se analizaron en detalle melodías vinculadas a la sensación de libertad, la omnipotencia sobre la máquina, el confort interior....

La creación de una melodía que combinase estas emociones con las típicas de incentivo al trabajo debía producir incrementos notables en la motivación y rendimiento de los trabajadores.

Identificación de emociones, sensaciones y melodías. Búsqueda de ritmos y armonías que indujeran más exactamente las conductas. Relacionar pentagramas y encefalogramas. En esto consistía mi trabajo y era muy interesante.

No pude evitar una mueca al imaginar los resultados de una posible comercialización de mi melodía para dormir. Miles de individuos recordando emocionantes sueños, mucho más excitantes que sus rutinarias vidas.

El recuerdo impresionante de los sueños me mantenía en un estado de ineficacia productiva esta mañana. La melodía destinada a incentivar el trabajo intelectual que sonaba en el despacho resultaba necia a mis oídos.

La pantalla mostraba diversos cuadros con perfiles neurológicos, partituras, gráficos de actividad hormonal, encefalopentagramas, tatarafusas, allegros, adagios, conexiones neuronales y ecuaciones indescifrables. Imposible concentrarse en tal avalancha de datos.

La expectación ante la presentación de esta tarde era enorme. Era el lanzamiento oficial de la nueva melodía de estimulación laboral, dirigida específicamente hacia el trabajo en cadenas de montaje, con una precisión nunca alcanzada hasta ahora.

El auditorio sería de lo más selecto imaginable: Gerentes, directores, jefes de personal y ejecutivos de muchas grandes empresas, así como Vicesecretarios de varios departamentos gubernamentales, altos cargos militares y el mismísimo Ministro de tecnología musical.


Por fin llegó la hora. El funcionario encargado vino a avisarme y me dio las últimas explicaciones sobre el manejo del equipo. Temblando de los nervios subí al escenario, en medio de una fuerte ovación de los presentes. Cámaras y focos apuntaban sin piedad hacia mis gotas de sudor.

Empecé explicando, en tono balbuceante, la ardua labor del equipo que durante meses había trabajado en el desarrollo de esta melodía. La estimulación específica dirigida a cadenas de montaje suponía un avance importante en la investigación musical con fines industriales.

A través de un laborioso proceso el equipo de investigadores había logrado identificar secuencias sonoras que indujesen a los sujetos a realizar movimientos precisos y repetitivos, propios de las grandes cadenas de montaje.

A estas alturas, ya me había soltado considerablemente y me encontraba como pez en el agua. Durante meses, explicaba, se habían definido las secuencias neuronales que daban lugar a los movimientos y actitudes de los trabajadores y se habían identificado las secuencias musicales capaces de estimular y reforzar dichos impulsos cerebrales.

La realización de los movimientos requeridos se realizaba como una especie de danza al son de la melodía desarrollada, produciendo una sensación de placer al trabajar y el consiguiente aumento de productividad y rendimiento. 

Y nada mejor que una demostración para apreciar la eficacia del nuevo producto. Ante la curiosidad y la expectación de las autoridades asistentes, saqué el minidisco grabado esa misma mañana y lo introduje en la ranura del colosal amplificador. 

Apreté ceremoniosamente el botón y un sonido diferente invadió el espacio. Enseguida noté un cansancio agudo, lógico por otra parte, después de un día tan ajetreado. Traté de disimular el bostezo, pero una sensación de calma infinita me invadía por todas partes.

Un instante antes de cerrar los ojos tuve una tardía intuición acerca de lo que estaba ocurriendo, aunque era demasiado tarde para intentar arreglarlo. Me había equivocado de disco y lo que sonaba era música para dormir. Error. Horror. Aquel peculiar sopor...